lunes, 15 de octubre de 2007

enviado especial


Meditabundo en rechinar de dientes, sentado en su equipo difusor, el periodista salvaje decide su suerte. Ninguna voz respondería a su reclamo, desesperado por contar a oídos taponados de ignorancia y miedo, el periodista piensa en las implicancias de entrar en juego, de la exposición a fin de cuentas. Piensa no sólo en lo que implica para los otros, esto lo tiene muy claro, esto no representa ningún dilema para el periodista que sabe que va a morir. Lo que hace que sus dientes rechinen y relinchen en caos agudo son las implicancias internas que la exposición presenta, sobre todo en este escenario de oídos taponados, sobre todo por eso. Piensa en cuanto destruye y cuanto ilumina dentro suyo el dictado externo de una verdad, hace el balance entre el suicidio y el resurgir que su tarea connota. Si los oídos no escuchan ¿Para qué exponerse? ¿Por qué elegir dinamitarse en público? ¿Por qué no mejor hablarlo dentro suyo o mejor aún callarlo totalmente?
Sentado en su equipo difusor entiende que es un periodista, no puede ser otro ser, mirando el temblor de sus manos vuelve a verificarlo, es un periodista y no hay forma de olvidar tal cosa, el periodista que sabe que va a morir se excusa ante sí mismo. Se hará sufrir por ser lo que debe ser, porque no hay forma de que sea otra cosa, mas allá del estado de los oídos, debe contar lo que sucede.

- Soy más fuerte que sus mierdas, mi verdad decidirá mi suerte, en vida o muerte será verdad, volando o subterránea, será luminosa mi exposición.

Se dijo ante sí mismo modificando su trato, entendió sereno la totalidad, su verdad lo volvía libre de a poco, con oídos o sin ellos no existiría sufrir ni desgracia.
Se pone de pie radiante y el artefacto avanza, larga vida a000000000000000000000000000 su00000000000000000000000 000000000 00000000000000 labor0000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000

00000000000000000000000000000000


.Naz


foto: popi

No hay comentarios: